Era un hombre que soñaba despierto con una mujer imaginaria
de un país lejano del que ni siquiera había oído hablar, que era su alma
gemela, que cuando se tumbara en la cama y una lágrima involuntaria se suicidara
por su cara, sería la llamada de otra lágrima lejana y paralela, un mensaje que
indicara que le necesitaba. Eras una mujer que pensaba en mí sin saber siquiera
que yo existiera, pensabas en encontrar al hombre de tu vida, al hombre imaginario
que era yo en tu imaginación. Y me dibujabas al despertarte después del sueño a toda prisa para
nunca olvidar mi cara. Y pegabas carteles por las calles con mi cara y un se
busca, pero no hubo respuesta. Y yo salí de viaje en tu encuentro sin siquiera
un equipaje, para encontrarnos a medio camino y escapar juntos, para dejar de
vivir jodidos y empezar vivir salvajes. Hasta que llegue el cianuro del día en
nuestras bocas y entendamos, la rebeldía de plantar árboles en un desierto, el
peligro de vivir dormidos y la crueldad de soñar despiertos.
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