El día que volví a ver tu foto me di cuenta de que no había dejado de sentir lo que sentía. Fue todo una gran mentira que yo mismo diseñé, un teatro en el que jugaba el papel de que ya no había nada que hacer. Todo con tal de cancelar el intento y las ganas de tenerte, por recordar que no podía hacerlo sin atravesar un bosque de desesperación, que no podías ser mía sin antes dejarme la piel, piel que ya no tenía.
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