La tristeza no es tan triste como para querer abandonarla. Una vez convives con ella cara a cara se personifica, ves su cara, comprendes que también está triste, que te necesita para existir, que eres un cuerpo en el que habita y que tus intentos de dejarla atrás no hacen más que deteriorar su hogar.
Siento compasión por mi tristeza, mi tristeza está triste y por eso lo estoy yo. No quiero abandonarla, ni quiero que viva en pena, solo quiero que nos aliemos y nos entendamos, que nos amemos eternamente y mi hogar sea su ser y mi ser sea su hogar. La tristeza está viva y está en cualquier lugar, en cualquier ciudad perdida en la que te puedas refugiar, en cualquier cuerpo errante al que intentes amar, para ignorar que te persigue tu tristeza, tu tristeza y nada más. La tristeza te perseguirá eternamente hasta que dejes de escapar, y entiendas que solo si te paras y te dejas alcanzar, solo si la abrazas y la quieres podrás vivir en paz. Solo si te enamoras de tu tristeza podrás vivir y no escapar, solo así podrás sonreír, el día que tu tristeza se desnude y se sumerja contigo en el mar, terminando así su luto, empezando así a nadar, a la par que vuelve a ti y se convierte en tu mejor amiga y en tu mejor lugar.
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