Fue el tiempo mi verdugo,
Mas los vicios y sirenas,
Que no besan al amar,
Se acercaban al navío,
Y solían conversar,
De la vida que se clava,
Desgarrando como un garfio,
Y al final no queda nada,
Solo cipreses y epitafios,
Una rosa y un altar.
Lo que tus vidrios leen mortal lector,
No son locuras ni delirios,
Ni novelas de terror,
Es mi carta de suicidio,
Y la escribo sin temor.
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