El divorcio de nuestras manos,
Lo tramita una farola inoportuna,
Que te alumbra si no hay luna,
Regalando a mis vidrios tu sombra,
Si guardara un minuto de silencio,
Por cada vez que me mataras,
Si sacara la bandera blanca,
Cada vez que me derrotas,
Llegaría la afonía de los versos enrevesados
El rompecabezas de las camisas del revés,
Entonaría la canción de la mudanza,
De los muebles y las pieles,
Encendería la radio del triste y desolado,
Escribiría la sinfonía del vacío,
De los maletines de abogado,
Completando la mortal letra,
Que le falta a este ahorcado,
Y solo así podría dejar claro,
Que no luché por lo que quiero,
Que no maté por lo que necesito,
Que no muero por lo que amo.
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