hombre que vive en el faro,
que custodia espectante,
que custodia espectante,
la luz parpadeante de tu boca,
que de vez en cuando,
asoma sus brillantes dientes,
para guiar así a puerto los navíos,
de marineros y corazones tibios.
de marineros y corazones tibios.
Y yo que en mi día naufragué,
no puedo hacer nada más,
que observarte inerte,
sonreír hacia el mar del frío.
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